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11 AM / 9 PM
Alsina 417, CABA
Escolares e institucionales,
coordinadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

El humor gráfico como espejo incómodo: reírse sigue siendo una forma de pensar.
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Sus primeros gestos aparecieron entre 1810 y 1820, época de la Revolución de Mayo y la declaración de independencia, a través de panfletos de carácter humorístico y sarcástico.
Se destaca la figura de Francisco de Paula Castañeda.
A partir de 1870, el tramo final del siglo XIX recibió una fuerte corriente migratoria que impactó de lleno en la cultura; la llegada de autores españoles y franceses, sumada a la aparición de los primeros artistas nativos, hizo que el humor gráfico local transicionara.
Supo anteponerse ante censuras en todas las épocas. Durante años fue el canal por el que viajaban ideas acerca de cuestiones políticas y culturales. Hacía cobrar vida a debates que no se tenían, que se mantenían reprimidos. Indudablemente existe un vínculo entre las vidas de los artistas y sus seguidores.
Durante este siglo se vivió el auge del humor gráfico. A través de cada vez más medios, se distribuía y producía material que avivaba la llama del vínculo entre los autores y su público. Este avance logró cosas impensadas para la época, como saltar a la pantalla grande del cine, ocupar contratapas enteras en diarios y desarrollar librospropios de personajes de ficción que se consolidaron en la vida cotidiana de las personas.
Al comenzar el siglo XX se destacaron títulos emblemáticos como El Mosquito y Caras y Caretas, las cuales estaban enfocadas mayoritariamente en la actualidad de ese entonces y en el tinte político.
Entre las décadas de 1930 y 1960 se vivió la primera época dorada del género, un período de quiebre donde las publicaciones puramente políticas le abrieron camino a otras propuestas humorísticas.
Entre las décadas de 1930 y 1960 se vivió la primera época dorada del género, un período de quiebre donde las publicaciones puramente políticas le abrieron camino a otras propuestas humorísticas.
En estos años, las tiras cómicas se mudaron hacia los diarios matutinos y vespertinos, y nació un formato novedoso donde el humor gráfico dejó de ser una simple sección para convertirse en lo más llamativo de la publicación.
Esto derivó en la consolidación de la historieta humorística, permitiendo que los personajes más populares lograran tener sus propios espacios editoriales exclusivos; el caso testigo fue Patoruzú de Dante Quinterno, que pasó de los diarios a tener su propia revista, acompañado por otras creaciones célebres como Fúlmine y la recordada revista Rico Tipo de Divito.
Un caso muy interesante que ilustra lo influyente que fue el humor gráfico nacional es el de René Goscinny, quien creció en Argentina admirando y adquiriendo las revistas de Patoruzú.
De joven intentó trabajar como dibujante para la obra de Quinterno, pero no lo logró. Historiadores del cómic señalaron similitudes entre la revista argentina y Astérix, marcas de estilo e ideas que denotan cuán presente tenía la experiencia argentina el dibujante francés a la hora de realizar sus dibujos.
Durante la década de 1960, los diarios mantuvieron sus secciones de tiras compartiendo espacio con producciones principalmente estadounidenses, al mismo tiempo que resurgían las revistas de humor político bajo una concepción muchísimo más moderna, teniendo como hito el nacimiento de Tía Vicenta, creada por Landrú.
Entre los años 60 y 70 se produjo una verdadera invasión del humor gráfico en todo tipo de formatos; las tiras dejaron de ser exclusivas de su nicho y poblaron revistas de aventuras (como las de la editorial Columba), de pasatiempos y de interés general como Gente o Siete Días.
Fue en este contexto de "tiras de revista" donde nació Mafalda, concebida originalmente para estas publicaciones y no para los diarios. Este imperio gráfico caló tan hondo en la cultura popular que varios personajes dieron el salto al cine en películas de acción real, como Fúlmine, Don Fulgencio o El Doctor Merengue, e incluso marcaron tendencia en la moda, como sucedió con las famosas "chicas" de Divito, cuya vestimenta era imitada por la gente en la calle.
A comienzos de los 70, el diario Clarín tomó la decisión trascendental de dejar de lado los syndicates estadounidenses para crear una página de humor con chistes puramente vernáculos, creados por autores nacionales.
La iniciativa llegó a las manos de un jovencísimo Caloi, quien se encargó de coordinar el espacio y reunir a grandes referentes de su generación como Bróccoli, Fontanarrosa y Crist. Entre 1973 y 1974, este espacio se convirtió en un hito bisagra para toda Hispanoamérica al otorgarle al humor gráfico, por primera vez, una página propia dentro de un diario, un modelo que luego se replicará en las páginas dominicales.
A la par de los diarios, los años 70 vieron una fuerte multiplicación de revistas; algunas de humor político, como Satiricón, lograron mantener vivo el espacio de expresión durante la última dictadura cívico-militar.
Con el regreso de la democracia, desapareció la censura y se abrió la puerta para temáticas, tonos y modos antes prohibidos.
La mítica editorial Ediciones de la Flor se convirtió en el escenario principal para este despliegue, dándole una nueva vida y valor a clásicos como Mafalda y a las obras de Fontanarrosa, Caloi y Crist.
Además, este período trajo una novedad fundamental que enriqueció el panorama: la irrupción de la voz femenina de la mano de la talentosísima Maitena, quien ofreció un discurso humorístico completamente novedoso que le daba vida a la voz femenina.
Muchas mujeres también se destacaron previo a la irrupción de Maitena. Alicia Gallotti, Patricia Breccia y Ana Von Reveur son tan solo algunos ejemplos previos a la llegada y disrupción de Maitena.
El interior del país también es recordado: Héctor Beas supo ilustrar la voz de la tradición gauchesca en el Diario Rosario y La Capital.
A partir de 1987, el nacimiento del diario Página 12 propuso un estilo disruptivo; a diferencia de Clarín, el humor no estaba concentrado en una página sino disperso, contando con figuras como Rep en el matutino, y la dupla de Daniel Paz y Rudy marcando la agenda política diaria con su clásico chiste de tapa.
Dentro de este diario, el suplemento joven funcionó como un semillero de talentos para una nueva generación, siendo el espacio donde Liniers hizo sus primeras publicaciones profesionales con la tira Bonjour, y donde Gustavo Sala irrumpió con Bife Angosto.
Ya en la década de 1990, esta renovación continuó gestándose a través de la generación de los fanzines, que sirvieron como la principal vía de visibilidad inicial para los nuevos autores. El propio Liniers, que venía dando sus primeros pasos allí, alcanzó repercusión masiva tiempo después al desembarcar en el diario La Nación en el año 2001.
Fue justamente en La Nación donde se consolidó el gran hito de los años 2000, conformando la segunda página de humor gráfico más importante en la historia de los diarios argentinos. Allí convivieron autores de una misma franja generacional como Tute y Nik, a quienes luego se sumaron Max Aguirre, Alejandra Lunik y Diego Parés.
Aun así, tanto en el diario como en su revista dominical, el humor de este período se transformó en un éxito gracias a su sintonía con la época y a su mirada directa sobre las vivencias del momento.
En la actualidad, el escenario muestra una historia viva y en pleno movimiento, caracterizada por la desfragmentación y la dilución de los medios gráficos impresos tradicionales, que empiezan a perder su protagonismo exclusivo. La tecnología ha transformado los hábitos de consumo y lectura, trasladando el humor principalmente hacia los soportes digitales.
Se ha transformado la relación entre el creador y la plataforma, convirtiendo al propio autor en su propio medio de difusión a través de sus redes sociales.
La presencia del humor gráfico en la vida cotidiana es fundamental e irreemplazable. Ha atravesado todos los momentos de la historia pese a las adversidades. Mantenerla viva debe ser responsabilidad de todos y el MUJU! se hará cargo de su parte.
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